Discusión sobre este post

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Avatar de Mathesoniano

"Miras a tu alrededor y solo hay profetas del desastre. Ni una persona que se atreva a decir qué construimos mañana". Una de las cosas que más llaman la atención políticamente es justo esto: ni en todas las gradaciones de la derecha ni de la izquierda hay nada remotamente ilusionante. Lo más novedoso de la derecha, su parte más joven, no paran de hacer el ridículo inventando pasados que nunca existieron y que en teoría fueron la cumbre de la civilización (según las semanas son los años 80, los años 90 o principios del 2000). La izquierda más alejada del centro vive en una cruzada moral de la que no ha salido, pero están obsesionados de manera ridícula con los que consideran malvados y no tienen tiempo de explicar mucho ese futuro mejor a este presente. En general nadie habla de ningún futuro mejor: las partes más moderadas de izquierda y derecha aspiran a ejercer de administradores de fincas, ir viendo las cosas pasar y, en definitiva, jugar a las cosas simbólicas que cuesten poco dinero. Hay una crisis de valentía en las élites y también de capacidad de imaginar un mundo mejor, tanto en su versión conservadora como progresista. Tengo la teoría de que los últimos optimistas en España fueron los independentistas catalanes con el Procés, pero estábamos todos tan poco acostumbrados a serlo que se les fue de madre hasta resultar infantiles. Pero bueno, muchas gracias por tu post: es el que me habría encantado escribir a mi. Gracias.

Avatar de Franco Spinetta

Otro excelente texto, María. Estoy mayormente de acuerdo con tu planteo. Pero difiero en la última parte. Muy probablemente no se trate de escoger un bando, y tal vez esa sea el principio del error. Pero las sociedades no estamos encontrando una forma de equilibrar las fuerzas sociales, y sus intereses, de forma relativamente armónica. La democracia es cada vez menos intensa. Y sus resortes institucionales (que en el fondo no son más que una forma de sopesar las diferencias sociales y económicas), están fallando en su misión. Hoy las élites económicas (los ultra ricos) concentran demasiado poder. No es que no tengan razón nunca o que sus fortunas sean ilegales (las hicieron con los incentivos que les dio esta era), pero su influencia cultural está haciendo demasiado daño al cuerpo social. Me encantaría poder convencerlos de que a ellos les conviene tener sociedades más equilibradas, más estables, más “igualitarias”, por más que este término les de urticaria. Lamentablemente, no se muestran muy empáticos. Y no les importa tener fortunas que jamás en su vida podrán disfrutar. Ni ellos, ni sus descendientes.

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