"Miras a tu alrededor y solo hay profetas del desastre. Ni una persona que se atreva a decir qué construimos mañana". Una de las cosas que más llaman la atención políticamente es justo esto: ni en todas las gradaciones de la derecha ni de la izquierda hay nada remotamente ilusionante. Lo más novedoso de la derecha, su parte más joven, no paran de hacer el ridículo inventando pasados que nunca existieron y que en teoría fueron la cumbre de la civilización (según las semanas son los años 80, los años 90 o principios del 2000). La izquierda más alejada del centro vive en una cruzada moral de la que no ha salido, pero están obsesionados de manera ridícula con los que consideran malvados y no tienen tiempo de explicar mucho ese futuro mejor a este presente. En general nadie habla de ningún futuro mejor: las partes más moderadas de izquierda y derecha aspiran a ejercer de administradores de fincas, ir viendo las cosas pasar y, en definitiva, jugar a las cosas simbólicas que cuesten poco dinero. Hay una crisis de valentía en las élites y también de capacidad de imaginar un mundo mejor, tanto en su versión conservadora como progresista. Tengo la teoría de que los últimos optimistas en España fueron los independentistas catalanes con el Procés, pero estábamos todos tan poco acostumbrados a serlo que se les fue de madre hasta resultar infantiles. Pero bueno, muchas gracias por tu post: es el que me habría encantado escribir a mi. Gracias.
Fíjate que en esta obsesión que tengo por no pensar que nadie es "malo", creo que ha sido una consecuencia de los acontecimientos, más que de la ambición de nadie: en los años 90 la izquierda abandonó la ambición de liderar el mundo desde el estado (Clinton y el "small government", Blair y su "tercera vía"). Parecía que el mercado lo haría solo. Cuando el mercado se derrumbó, en 2008, la derecha se quedó sin modelo y la izquierda no tenía otro para reemplazarlo.
Y todavía estamos esperando a que alguien invente algo nuevo.
Otro excelente texto, María. Estoy mayormente de acuerdo con tu planteo. Pero difiero en la última parte. Muy probablemente no se trate de escoger un bando, y tal vez esa sea el principio del error. Pero las sociedades no estamos encontrando una forma de equilibrar las fuerzas sociales, y sus intereses, de forma relativamente armónica. La democracia es cada vez menos intensa. Y sus resortes institucionales (que en el fondo no son más que una forma de sopesar las diferencias sociales y económicas), están fallando en su misión. Hoy las élites económicas (los ultra ricos) concentran demasiado poder. No es que no tengan razón nunca o que sus fortunas sean ilegales (las hicieron con los incentivos que les dio esta era), pero su influencia cultural está haciendo demasiado daño al cuerpo social. Me encantaría poder convencerlos de que a ellos les conviene tener sociedades más equilibradas, más estables, más “igualitarias”, por más que este término les de urticaria. Lamentablemente, no se muestran muy empáticos. Y no les importa tener fortunas que jamás en su vida podrán disfrutar. Ni ellos, ni sus descendientes.
La cosa es que todo eso es verdad y, al mismo tiempo, no significa que la democracia no funcione o que los ultraricos tengan todo el poder.
Yo diría que los ultraricos SIEMPRE han tenido un poder desmesurado. Desde los faraones. Pese a todo, la democracia sigue sosteniendo un sistema tan complejo que es casi imposible de comprender: derechos, libertades, mecanismos administrativos, acuerdos y flujos para miles de millones de personas.
No se trata de afirmar que no existen los problemas, sino de asumir que los problemas son consustanciales a la vida. Que tenemos que vivir en un sistema complejo en el que hay cosas que no funcionan, claro que sí, pero por el que seguimos apostando.
El otro día escribí sobre esto, aunque anclado en mis movidas mentales de boomer. Suscribo lo principal: el poder no está cumpliendo con su parte del contrato, que está roto, o mejor dicho, por rehacer.
Y concuerdo también en que casi todo lo que nos han metido en la cabeza es fruto del populismo mediático, político y algorítmico (si es que eso no es lo mismo).
Seguramente el populismo de Steve Bannon compra el marco mental del populismo de izquierda y se limita a cambiar los nombres. Pero creo, a diferencia tuya, que no es el populismo el que rompe el esquema, como dices tú, sino la consecuencia de la ruptura de un pacto que, como apuntas en tu libro, ya no puede funcionar en el actual contexto económico y tecnológico.
En cualquier caso: gracias por este texto valiente.
Sí, sí, la ruptura del marco está ahí, claramente. Pero a esa ruptura se podía haber respondido de otra manera. Buscando pactos de estado, qué sé yo. En su lugar, los grandes partidos están entregados a hacer enemigos porque no tienen mucho más que decir.
Y como no me gusta echar la culpa a nadie diré esto: nosotros, quienes (en la medida de nuestras posibilidades) nos dedicamos a pensar y a escribir, tenemos también una parte de responsabilidad en todo esto. Y sería muy buena idea que dedicáramos más tiempo a hacer propuestas, además de finos análisis. Esa es la parte que yo me voy a aplicar de ahora en adelante.
Absolutamente de acuerdo María. Nuestro peor cara política y humana es la de buscar un cabeza de turco o un enemigo del que haya que salvarse y así se ganan las elecciones. Manejando las emociones primarias. No se propone un programa, se propone un enemigo y todos saltamos indignados contra él a votar en contra! Todos somos lúcidos y críticos por qué las redes nos envían información constante para que así seamos. Desde nuestros teléfonos nos ponemos a divulgar toda esa información. Quién la paga? Los periódicos no pueden competir!
Me alegro que seas optimista y le eches la culpa al populismo (excusa vaga y difusa). La demosgracia española es joven y nació pervertida. Aún así aceleró el paso y recibió el sorpasso. Todo es muy clarito de explicar, tan solo hay que fijarse en los países nórdicos y ver que allí los políticos dimiten, cuidan de sus ciudadanos, son administradores cautos y cualificados….etc Vamos, que los políticos no viven del cuento y son inútiles, no abren la puerta a todo ciudadano que venga - espureos ó no, la burocracia arrolla y pervierte al ciudadano (no revierte en beneficios) y etcétera, etcétera, etcétera…..
Muchas gracias por tu texto. Expongo mi caso, iniciando con que estoy muy de acuerdo con lo que desarrollas sobre el populismo.
Desde hace muchos años asumí que no conozco la democracia -tengo 37 años, de los cuales 17 fueron bajo la dictadura chavista en Venezuela, y los últimos 10 en el populismo argentino-; los primeros 10 no cuentan, claramente. Nunca he participado en unas elecciones en las que elijo de verdad: siempre voté por el candidato opositor al chavismo, no importa si era bueno o si ofrecía algo, porque me convencí (y sigo convencida, quizá erróneamente) de que primero hay que salir del chavismo para que algo cambie.
También tengo la creencia de que todos los políticos quieren ocupar puestos de poder para su beneficio individual, así que también me convencí de que las elecciones -al menos en los dos países de referencia- son para elegir al "menos malo", o "el que va a robar menos".
Sin ser muy consciente de por qué lo hago, desde que salí de Venezuela he luchado contra el populismo a través de conversaciones con mis amigos y conocidos que están fanatizados con la izquierda, la derecha o directamente con un político específico, porque les ofrecen una salida cómoda a sus problemas: ser el crítico gastronómico en lugar de hacer el esfuerzo de cocinar. Luego de tu escrito, identifico este comportamiento mío como un aporte para "empujar el mundo hacia adelante" un amigo a la vez. Abrazo!
¿Nadie va a decir, sin necesidad de escribir 200 líneas, que el fascismo no debe tener sitio en ningún caso? ¿He de tener empatía hacia los dirigentes de Vox porque ellos (pobriños) también tienen su contexto? ¿Qué contrato social proponen ellos más allá de exterminar a quien no piense igual y obedezca?
Antes de contestarte, y porque no pensé que responderías, déjame decirte que es increíblemente refrescante leerte. No vendes humo y tu manera de analizar nuestro presente es realmente iluminadora.
En cuanto a la pregunta que me haces, lo siento, pero yo no soy hijo del optimismo. No tengo un contrato social que proponer porque eso implica llegar una masa crítica social hija de la voluntad por debatir, de enriquecerse intelectualmente, y de la capacidad de hacer autocrítica. Tres items que por múltiples razones están prácticamente extintos.
Al igual que tu eres "a girl just heralding the end of capitalism", "I'm just a boy staring horrified at the end of civilization", sólo quiero cuidar y proteger a la gente que me cuida y protege, es decir, puedo proponer acciones concretas en el micro, donde puedo tener algo de alcance y agencia. El contrato social nos viene grande ya a las personas anónimas.
Pues no sé por qué pensabas que no... ¡yo intento responder a todo el mundo! A veces no me da tiempo, pero lo intento.
Me parece genial eso que dices de que "el contrato social nos viene grande a las personas anónimas" porque es precisamente el sentimiento que yo creo que tenemos que sacudirnos. Y es que no hay nada más que "personas anónimas". Si asumimos que no hay un Dios, y que la democracia somos nosotros mismos, tenemos que darnos cuenta de que nadie va a venir a rescatarnos. No hay nadie más que nosotros: personas normales, adultas, que somos responsables de nuestras propias vidas y del futuro que les dejamos a nuestros hijos. ¿Que es muy difícil? Seguro. Pero es que no hay otra alternativa. Más difícil sería salir a pelearse con un león en la sabana africana hace miles de años. Nunca hubo otra alternativa.
"Miras a tu alrededor y solo hay profetas del desastre. Ni una persona que se atreva a decir qué construimos mañana". Una de las cosas que más llaman la atención políticamente es justo esto: ni en todas las gradaciones de la derecha ni de la izquierda hay nada remotamente ilusionante. Lo más novedoso de la derecha, su parte más joven, no paran de hacer el ridículo inventando pasados que nunca existieron y que en teoría fueron la cumbre de la civilización (según las semanas son los años 80, los años 90 o principios del 2000). La izquierda más alejada del centro vive en una cruzada moral de la que no ha salido, pero están obsesionados de manera ridícula con los que consideran malvados y no tienen tiempo de explicar mucho ese futuro mejor a este presente. En general nadie habla de ningún futuro mejor: las partes más moderadas de izquierda y derecha aspiran a ejercer de administradores de fincas, ir viendo las cosas pasar y, en definitiva, jugar a las cosas simbólicas que cuesten poco dinero. Hay una crisis de valentía en las élites y también de capacidad de imaginar un mundo mejor, tanto en su versión conservadora como progresista. Tengo la teoría de que los últimos optimistas en España fueron los independentistas catalanes con el Procés, pero estábamos todos tan poco acostumbrados a serlo que se les fue de madre hasta resultar infantiles. Pero bueno, muchas gracias por tu post: es el que me habría encantado escribir a mi. Gracias.
Sí, yo siento algo así también.
Fíjate que en esta obsesión que tengo por no pensar que nadie es "malo", creo que ha sido una consecuencia de los acontecimientos, más que de la ambición de nadie: en los años 90 la izquierda abandonó la ambición de liderar el mundo desde el estado (Clinton y el "small government", Blair y su "tercera vía"). Parecía que el mercado lo haría solo. Cuando el mercado se derrumbó, en 2008, la derecha se quedó sin modelo y la izquierda no tenía otro para reemplazarlo.
Y todavía estamos esperando a que alguien invente algo nuevo.
Otro excelente texto, María. Estoy mayormente de acuerdo con tu planteo. Pero difiero en la última parte. Muy probablemente no se trate de escoger un bando, y tal vez esa sea el principio del error. Pero las sociedades no estamos encontrando una forma de equilibrar las fuerzas sociales, y sus intereses, de forma relativamente armónica. La democracia es cada vez menos intensa. Y sus resortes institucionales (que en el fondo no son más que una forma de sopesar las diferencias sociales y económicas), están fallando en su misión. Hoy las élites económicas (los ultra ricos) concentran demasiado poder. No es que no tengan razón nunca o que sus fortunas sean ilegales (las hicieron con los incentivos que les dio esta era), pero su influencia cultural está haciendo demasiado daño al cuerpo social. Me encantaría poder convencerlos de que a ellos les conviene tener sociedades más equilibradas, más estables, más “igualitarias”, por más que este término les de urticaria. Lamentablemente, no se muestran muy empáticos. Y no les importa tener fortunas que jamás en su vida podrán disfrutar. Ni ellos, ni sus descendientes.
La cosa es que todo eso es verdad y, al mismo tiempo, no significa que la democracia no funcione o que los ultraricos tengan todo el poder.
Yo diría que los ultraricos SIEMPRE han tenido un poder desmesurado. Desde los faraones. Pese a todo, la democracia sigue sosteniendo un sistema tan complejo que es casi imposible de comprender: derechos, libertades, mecanismos administrativos, acuerdos y flujos para miles de millones de personas.
No se trata de afirmar que no existen los problemas, sino de asumir que los problemas son consustanciales a la vida. Que tenemos que vivir en un sistema complejo en el que hay cosas que no funcionan, claro que sí, pero por el que seguimos apostando.
El otro día escribí sobre esto, aunque anclado en mis movidas mentales de boomer. Suscribo lo principal: el poder no está cumpliendo con su parte del contrato, que está roto, o mejor dicho, por rehacer.
Y concuerdo también en que casi todo lo que nos han metido en la cabeza es fruto del populismo mediático, político y algorítmico (si es que eso no es lo mismo).
Seguramente el populismo de Steve Bannon compra el marco mental del populismo de izquierda y se limita a cambiar los nombres. Pero creo, a diferencia tuya, que no es el populismo el que rompe el esquema, como dices tú, sino la consecuencia de la ruptura de un pacto que, como apuntas en tu libro, ya no puede funcionar en el actual contexto económico y tecnológico.
En cualquier caso: gracias por este texto valiente.
Sí, sí, la ruptura del marco está ahí, claramente. Pero a esa ruptura se podía haber respondido de otra manera. Buscando pactos de estado, qué sé yo. En su lugar, los grandes partidos están entregados a hacer enemigos porque no tienen mucho más que decir.
Y como no me gusta echar la culpa a nadie diré esto: nosotros, quienes (en la medida de nuestras posibilidades) nos dedicamos a pensar y a escribir, tenemos también una parte de responsabilidad en todo esto. Y sería muy buena idea que dedicáramos más tiempo a hacer propuestas, además de finos análisis. Esa es la parte que yo me voy a aplicar de ahora en adelante.
Tienes toda la razón, María. El análisis fino llega hasta donde llega.
Pero yo soy un boomer ideológicamente agotado, os toca a los más jóvenes que tenéis buenas ideas. Eso sí, intentaré seguiros allá hasta donde vayais.
Absolutamente de acuerdo María. Nuestro peor cara política y humana es la de buscar un cabeza de turco o un enemigo del que haya que salvarse y así se ganan las elecciones. Manejando las emociones primarias. No se propone un programa, se propone un enemigo y todos saltamos indignados contra él a votar en contra! Todos somos lúcidos y críticos por qué las redes nos envían información constante para que así seamos. Desde nuestros teléfonos nos ponemos a divulgar toda esa información. Quién la paga? Los periódicos no pueden competir!
Eso es <3. Hay que poner pie en pared con eso.
Absolutamente de acuerdo María! Nuestro nivel político y humano
Me alegro que seas optimista y le eches la culpa al populismo (excusa vaga y difusa). La demosgracia española es joven y nació pervertida. Aún así aceleró el paso y recibió el sorpasso. Todo es muy clarito de explicar, tan solo hay que fijarse en los países nórdicos y ver que allí los políticos dimiten, cuidan de sus ciudadanos, son administradores cautos y cualificados….etc Vamos, que los políticos no viven del cuento y son inútiles, no abren la puerta a todo ciudadano que venga - espureos ó no, la burocracia arrolla y pervierte al ciudadano (no revierte en beneficios) y etcétera, etcétera, etcétera…..
Ostras, ¡qué bueno! Gracias
Muchas gracias por tu texto. Expongo mi caso, iniciando con que estoy muy de acuerdo con lo que desarrollas sobre el populismo.
Desde hace muchos años asumí que no conozco la democracia -tengo 37 años, de los cuales 17 fueron bajo la dictadura chavista en Venezuela, y los últimos 10 en el populismo argentino-; los primeros 10 no cuentan, claramente. Nunca he participado en unas elecciones en las que elijo de verdad: siempre voté por el candidato opositor al chavismo, no importa si era bueno o si ofrecía algo, porque me convencí (y sigo convencida, quizá erróneamente) de que primero hay que salir del chavismo para que algo cambie.
También tengo la creencia de que todos los políticos quieren ocupar puestos de poder para su beneficio individual, así que también me convencí de que las elecciones -al menos en los dos países de referencia- son para elegir al "menos malo", o "el que va a robar menos".
Sin ser muy consciente de por qué lo hago, desde que salí de Venezuela he luchado contra el populismo a través de conversaciones con mis amigos y conocidos que están fanatizados con la izquierda, la derecha o directamente con un político específico, porque les ofrecen una salida cómoda a sus problemas: ser el crítico gastronómico en lugar de hacer el esfuerzo de cocinar. Luego de tu escrito, identifico este comportamiento mío como un aporte para "empujar el mundo hacia adelante" un amigo a la vez. Abrazo!
¿Nadie va a decir, sin necesidad de escribir 200 líneas, que el fascismo no debe tener sitio en ningún caso? ¿He de tener empatía hacia los dirigentes de Vox porque ellos (pobriños) también tienen su contexto? ¿Qué contrato social proponen ellos más allá de exterminar a quien no piense igual y obedezca?
La pregunta es: qué contrato social propones tú?
Antes de contestarte, y porque no pensé que responderías, déjame decirte que es increíblemente refrescante leerte. No vendes humo y tu manera de analizar nuestro presente es realmente iluminadora.
En cuanto a la pregunta que me haces, lo siento, pero yo no soy hijo del optimismo. No tengo un contrato social que proponer porque eso implica llegar una masa crítica social hija de la voluntad por debatir, de enriquecerse intelectualmente, y de la capacidad de hacer autocrítica. Tres items que por múltiples razones están prácticamente extintos.
Al igual que tu eres "a girl just heralding the end of capitalism", "I'm just a boy staring horrified at the end of civilization", sólo quiero cuidar y proteger a la gente que me cuida y protege, es decir, puedo proponer acciones concretas en el micro, donde puedo tener algo de alcance y agencia. El contrato social nos viene grande ya a las personas anónimas.
Jajaja. Hello, horrified boy!
Pues no sé por qué pensabas que no... ¡yo intento responder a todo el mundo! A veces no me da tiempo, pero lo intento.
Me parece genial eso que dices de que "el contrato social nos viene grande a las personas anónimas" porque es precisamente el sentimiento que yo creo que tenemos que sacudirnos. Y es que no hay nada más que "personas anónimas". Si asumimos que no hay un Dios, y que la democracia somos nosotros mismos, tenemos que darnos cuenta de que nadie va a venir a rescatarnos. No hay nadie más que nosotros: personas normales, adultas, que somos responsables de nuestras propias vidas y del futuro que les dejamos a nuestros hijos. ¿Que es muy difícil? Seguro. Pero es que no hay otra alternativa. Más difícil sería salir a pelearse con un león en la sabana africana hace miles de años. Nunca hubo otra alternativa.