El otro día escribí sobre esto, aunque anclado en mis movidas mentales de boomer. Suscribo lo principal: el poder no está cumpliendo con su parte del contrato, que está roto, o mejor dicho, por rehacer.
Y concuerdo también en que casi todo lo que nos han metido en la cabeza es fruto del populismo mediático, político y algorítmico (si es que eso no es lo mismo).
Seguramente el populismo de Steve Bannon compra el marco mental del populismo de izquierda y se limita a cambiar los nombres. Pero creo, a diferencia tuya, que no es el populismo el que rompe el esquema, como dices tú, sino la consecuencia de la ruptura de un pacto que, como apuntas en tu libro, ya no puede funcionar en el actual contexto económico y tecnológico.
En cualquier caso: gracias por este texto valiente.
"Miras a tu alrededor y solo hay profetas del desastre. Ni una persona que se atreva a decir qué construimos mañana". Una de las cosas que más llaman la atención políticamente es justo esto: ni en todas las gradaciones de la derecha ni de la izquierda hay nada remotamente ilusionante. Lo más novedoso de la derecha, su parte más joven, no paran de hacer el ridículo inventando pasados que nunca existieron y que en teoría fueron la cumbre de la civilización (según las semanas son los años 80, los años 90 o principios del 2000). La izquierda más alejada del centro vive en una cruzada moral de la que no ha salido, pero están obsesionados de manera ridícula con los que consideran malvados y no tienen tiempo de explicar mucho ese futuro mejor a este presente. En general nadie habla de ningún futuro mejor: las partes más moderadas de izquierda y derecha aspiran a ejercer de administradores de fincas, ir viendo las cosas pasar y, en definitiva, jugar a las cosas simbólicas que cuesten poco dinero. Hay una crisis de valentía en las élites y también de capacidad de imaginar un mundo mejor, tanto en su versión conservadora como progresista. Tengo la teoría de que los últimos optimistas en España fueron los independentistas catalanes con el Procés, pero estábamos todos tan poco acostumbrados a serlo que se les fue de madre hasta resultar infantiles. Pero bueno, muchas gracias por tu post: es el que me habría encantado escribir a mi. Gracias.
Absolutamente de acuerdo María. Nuestro peor cara política y humana es la de buscar un cabeza de turco o un enemigo del que haya que salvarse y así se ganan las elecciones. Manejando las emociones primarias. No se propone un programa, se propone un enemigo y todos saltamos indignados contra él a votar en contra! Todos somos lúcidos y críticos por qué las redes nos envían información constante para que así seamos. Desde nuestros teléfonos nos ponemos a divulgar toda esa información. Quién la paga? Los periódicos no pueden competir!
Otro excelente texto, María. Estoy mayormente de acuerdo con tu planteo. Pero difiero en la última parte. Muy probablemente no se trate de escoger un bando, y tal vez esa sea el principio del error. Pero las sociedades no estamos encontrando una forma de equilibrar las fuerzas sociales, y sus intereses, de forma relativamente armónica. La democracia es cada vez menos intensa. Y sus resortes institucionales (que en el fondo no son más que una forma de sopesar las diferencias sociales y económicas), están fallando en su misión. Hoy las élites económicas (los ultra ricos) concentran demasiado poder. No es que no tengan razón nunca o que sus fortunas sean ilegales (las hicieron con los incentivos que les dio esta era), pero su influencia cultural está haciendo demasiado daño al cuerpo social. Me encantaría poder convencerlos de que a ellos les conviene tener sociedades más equilibradas, más estables, más “igualitarias”, por más que este término les de urticaria. Lamentablemente, no se muestran muy empáticos. Y no les importa tener fortunas que jamás en su vida podrán disfrutar. Ni ellos, ni sus descendientes.
Me alegro que seas optimista y le eches la culpa al populismo (excusa vaga y difusa). La demosgracia española es joven y nació pervertida. Aún así aceleró el paso y recibió el sorpasso. Todo es muy clarito de explicar, tan solo hay que fijarse en los países nórdicos y ver que allí los políticos dimiten, cuidan de sus ciudadanos, son administradores cautos y cualificados….etc Vamos, que los políticos no viven del cuento y son inútiles, no abren la puerta a todo ciudadano que venga - espureos ó no, la burocracia arrolla y pervierte al ciudadano (no revierte en beneficios) y etcétera, etcétera, etcétera…..
El otro día escribí sobre esto, aunque anclado en mis movidas mentales de boomer. Suscribo lo principal: el poder no está cumpliendo con su parte del contrato, que está roto, o mejor dicho, por rehacer.
Y concuerdo también en que casi todo lo que nos han metido en la cabeza es fruto del populismo mediático, político y algorítmico (si es que eso no es lo mismo).
Seguramente el populismo de Steve Bannon compra el marco mental del populismo de izquierda y se limita a cambiar los nombres. Pero creo, a diferencia tuya, que no es el populismo el que rompe el esquema, como dices tú, sino la consecuencia de la ruptura de un pacto que, como apuntas en tu libro, ya no puede funcionar en el actual contexto económico y tecnológico.
En cualquier caso: gracias por este texto valiente.
"Miras a tu alrededor y solo hay profetas del desastre. Ni una persona que se atreva a decir qué construimos mañana". Una de las cosas que más llaman la atención políticamente es justo esto: ni en todas las gradaciones de la derecha ni de la izquierda hay nada remotamente ilusionante. Lo más novedoso de la derecha, su parte más joven, no paran de hacer el ridículo inventando pasados que nunca existieron y que en teoría fueron la cumbre de la civilización (según las semanas son los años 80, los años 90 o principios del 2000). La izquierda más alejada del centro vive en una cruzada moral de la que no ha salido, pero están obsesionados de manera ridícula con los que consideran malvados y no tienen tiempo de explicar mucho ese futuro mejor a este presente. En general nadie habla de ningún futuro mejor: las partes más moderadas de izquierda y derecha aspiran a ejercer de administradores de fincas, ir viendo las cosas pasar y, en definitiva, jugar a las cosas simbólicas que cuesten poco dinero. Hay una crisis de valentía en las élites y también de capacidad de imaginar un mundo mejor, tanto en su versión conservadora como progresista. Tengo la teoría de que los últimos optimistas en España fueron los independentistas catalanes con el Procés, pero estábamos todos tan poco acostumbrados a serlo que se les fue de madre hasta resultar infantiles. Pero bueno, muchas gracias por tu post: es el que me habría encantado escribir a mi. Gracias.
Absolutamente de acuerdo María. Nuestro peor cara política y humana es la de buscar un cabeza de turco o un enemigo del que haya que salvarse y así se ganan las elecciones. Manejando las emociones primarias. No se propone un programa, se propone un enemigo y todos saltamos indignados contra él a votar en contra! Todos somos lúcidos y críticos por qué las redes nos envían información constante para que así seamos. Desde nuestros teléfonos nos ponemos a divulgar toda esa información. Quién la paga? Los periódicos no pueden competir!
Absolutamente de acuerdo María! Nuestro nivel político y humano
Otro excelente texto, María. Estoy mayormente de acuerdo con tu planteo. Pero difiero en la última parte. Muy probablemente no se trate de escoger un bando, y tal vez esa sea el principio del error. Pero las sociedades no estamos encontrando una forma de equilibrar las fuerzas sociales, y sus intereses, de forma relativamente armónica. La democracia es cada vez menos intensa. Y sus resortes institucionales (que en el fondo no son más que una forma de sopesar las diferencias sociales y económicas), están fallando en su misión. Hoy las élites económicas (los ultra ricos) concentran demasiado poder. No es que no tengan razón nunca o que sus fortunas sean ilegales (las hicieron con los incentivos que les dio esta era), pero su influencia cultural está haciendo demasiado daño al cuerpo social. Me encantaría poder convencerlos de que a ellos les conviene tener sociedades más equilibradas, más estables, más “igualitarias”, por más que este término les de urticaria. Lamentablemente, no se muestran muy empáticos. Y no les importa tener fortunas que jamás en su vida podrán disfrutar. Ni ellos, ni sus descendientes.
Me alegro que seas optimista y le eches la culpa al populismo (excusa vaga y difusa). La demosgracia española es joven y nació pervertida. Aún así aceleró el paso y recibió el sorpasso. Todo es muy clarito de explicar, tan solo hay que fijarse en los países nórdicos y ver que allí los políticos dimiten, cuidan de sus ciudadanos, son administradores cautos y cualificados….etc Vamos, que los políticos no viven del cuento y son inútiles, no abren la puerta a todo ciudadano que venga - espureos ó no, la burocracia arrolla y pervierte al ciudadano (no revierte en beneficios) y etcétera, etcétera, etcétera…..