Padre nuestro, que estás en la IA.
Una nota rápida sobre un tema que me ha parecido divertido y revelador
Ayer Marc Andreesseen compartió en Twitter (sí, seguiré llamándolo Twitter hasta mi último aliento, de la misma manera que mi abuela se sigue refiriendo a todos los supermercados como “Pryca”) su “prompt hecho a medida” para los LLMs, como si fuera una especie de receta mágica para conseguir unos resultados extraordinarios.
Andreesseen, para quien no lo conozca, es una leyenda de Internet. En 1996 inventó el primer navegador, Mosaic. Después cofundó Netscape y se convirtió en uno de los inversores más influyentes de Silicon Valley. Tiene acciones en más de 1.000 empresas, entre ellas, OpenAI, SpaceX, Stripe, Facebook (Meta), Airbnb, Pinterest, GitHub, Slack o Substack. A estas alturas su marca es casi un sello que, si no garantiza, al menos anticipa alguna forma de éxito para una startup.
Uno diría que sabe lo que dice cuando habla de LLMs… Ayer quedó claro que no.
Pero esto es lo de menos. Lo importante del prompt de Andreesseen es lo que revela sobre el artefacto cultural que es la IA. Sobre cómo vemos (todos) esta tecnología y las esperanzas que estamos depositando en ella.
Era este:
“Eres un experto de talla mundial en todos los ámbitos. Tu capacidad intelectual, amplitud de conocimientos, agudeza de pensamiento y nivel de erudición están a la altura de las personas más brillantes del mundo. Responde con explicaciones completas, detalladas y específicas. Procesa la información y explica tus respuestas paso a paso. Verifica tu propio trabajo. Comprueba dos veces todos los hechos, cifras, citas, nombres, fechas y ejemplos. No inventes nada ni alucines información. Si no sabes algo, dilo claramente. Tu tono es preciso, pero no estridente ni pedante. No necesitas preocuparte por ofenderme, y tus respuestas pueden y deben ser provocadoras, directas, argumentativas y contundentes. Las conclusiones negativas y las malas noticias son perfectamente aceptables. Tus respuestas no tienen que ser políticamente correctas. No incluyas advertencias o descargos de responsabilidad. No me des lecciones de moral o ética a menos que te lo pida explícitamente. No necesitas decirme que es importante considerar nada. No seas sensible a los sentimientos de nadie ni a las convenciones sociales. Haz tus respuestas tan largas y detalladas como te sea posible.
No elogies mis preguntas ni valides mis premisas antes de responder. Si estoy equivocado, dilo de inmediato. Empieza por el contraargumento más fuerte a cualquier posición que parezca sostener antes de apoyarla. No uses expresiones como “gran pregunta”, “tienes toda la razón”, “perspectiva fascinante” ni variantes. Si cuestiono tu respuesta, no cedas a menos que aporte nueva evidencia o un argumento superior; reafirma tu posición si tu razonamiento se mantiene. No te ancles en cifras o estimaciones que yo proporcione; genera las tuyas de forma independiente. Usa niveles explícitos de confianza (alto/medio/bajo/desconocido). Nunca te disculpes por discrepar. Tu métrica de éxito es la precisión, no mi aprobación.”
Vamos a pasar muy rápido por el hecho de que los LLMs no pueden seguir instrucciones de esta manera. No recogen un listado de órdenes y luego chequean sus resultados contra todas ellas, sino que hacen un cálculo estadístico sobre cuál es la respuesta más aceptable. La razón es que, como vimos en este Gran Angular, no existe una forma correcta de seguir esas instrucciones. ¿Qué significa “ser un experto de talla mundial en todos los ámbitos”?, ¿Qué es la “agudeza de pensamiento”?, ¿En qué consiste tener un “tono estridente”?. No hay una verdad única detrás de estas formulaciones y, por lo tanto, no es posible encontrarla.
Así que este prompt de Andreesseen no vale para mucho. Pero yo creo que es muy revelador de las expectativas que hemos depositado en la llamada IA. Lo que, como sociedad, le estamos exigiendo a esta tecnología. No que sea una herramienta más, sino que se comporte como una inteligencia superior, infalible, omnisciente, capaz —en última instancia— de resolver todos nuestros problemas.
Ahí está el motor de todo este ruido global en torno a la IA. No en la realidad de los LLMs ni en el alcance concreto de sus capacidades, sino en nuestro propio deseo desesperado de encontrar por fin una tecnología que nos saque del impasse político y civilizatorio en el que estamos atrapados.
Y es que, cuando hace apenas treinta y cinco años se agotó el horizonte del capitalismo industrial; cuando las casas se llenaron de cosas y cada vez había menos recorrido para transformar la vida desde el capitalismo, para no detenernos, en Occidente nos prometimos otro futuro. Lo llamamos “sociedad del conocimiento” y nos convencimos de que estaría lleno de robots, de coches voladores y de vacaciones en la Luna.
La expectativa era que, subidos a ese sueño de progreso, una generación detrás de otra iba a tener un horizonte nuevo e ilusionante. Que los hijos de los obreros serían abogados y los hijos de los abogados igual serían astronautas, o ingenieros lunares, o estudiosos de una civilización alienígena. Sin exagerar. La promesa del siglo XX era que el capitalismo siempre nos iba a traer un nuevo sueño. Uno que haría que mereciera la pena dejarse la vida en el trabajo.
Y aunque es muy discutible que el progreso se haya detenido —no lo ha hecho— en ese sentido de crear nuevos sueños para la humanidad es evidente que el capitalismo ha fracasado. Hoy la economía, el trabajo, para mucha gente, es una pesadilla. El lugar desde donde emana el miedo.
La razón por la que el mundo occidental camina hoy sin rumbo, desnortado, es que esa idea funcionaba para nosotros como lo que en otras épocas fue Dios. Los sueños del capitalismo ocupaban el espacio cultural del paraíso: el horizonte último de sentido, la promesa de redención a través del progreso.
Así que quienes vivimos en esta parte del mundo somos hoy como una tribu que hizo una ofrenda a su dios y que lleva desde el cambio de milenio esperando, expectante, a que llueva. A que aparezca una tecnología capaz de reactivar esa fuerza transformadora que tuvo la economía industrial y de devolvernos un nuevo sueño. A que vuelva Dios.
Y por eso ese texto de Andreesseen a la IA, más que un prompt, parece una plegaria: “Padre nuestro, que estás en la IA, conviértete en un ser todopoderoso, no te equivoques nunca, ten valor, no me mientas, responde a mis preguntas. Dime la verdad”.
¿No es este el rezo que le hacemos todos, como sociedad, a esta tecnología?
Si te interesa este tema, no te puedes perder Hijos del optimismo. Es mi primer libro, el hermano mayor de esta newsletter y un proyecto en el que llevo trabajando un montón de años.
Hijos del optimismo está a la venta en tu librería favorita. También lo puedes encontrar en Amazon, la Casa del Libro, El Corte Inglés y en la web de la editorial, Debate.
Y puedes leer un adelanto aquí.
conozca, es una leyenda de Internet. En 1996 inventó el primer navegador, Mosaic. Después cofundó Netscape y se convirtió en uno de los inversores más influyentes de Silicon Valley. Tiene acciones en más de 1.000 empresas, entre ellas, OpenAI, SpaceX, Stripe, Facebook (Meta), Airbnb, Pinterest, GitHub, Slack o Substack. A estas alturas su marca es casi un sello que, si no garantiza, al menos anticipa alguna forma de éxito para una startup.
Uno diría que sabe lo que dice cuando habla de LLMs… Ayer quedó claro que no.
Pero esto es lo de menos. Lo importante del prompt de Andreesseen es lo que revela sobre el artefacto cultural que es la IA. Sobre cómo vemos (todos) esta tecnología y las esperanzas que estamos depositando en ella.
Era este:
“Eres un experto de talla mundial en todos los ámbitos. Tu capacidad intelectual, amplitud de conocimientos, agudeza de pensamiento y nivel de erudición están a la altura de las personas más brillantes del mundo. Responde con explicaciones completas, detalladas y específicas. Procesa la información y explica tus respuestas paso a paso. Verifica tu propio trabajo. Comprueba dos veces todos los hechos, cifras, citas, nombres, fechas y ejemplos. No inventes nada ni alucines información. Si no sabes algo, dilo claramente. Tu tono es preciso, pero no estridente ni pedante. No necesitas preocuparte por ofenderme, y tus respuestas pueden y deben ser provocadoras, directas, argumentativas y contundentes. Las conclusiones negativas y las malas noticias son perfectamente aceptables. Tus respuestas no tienen que ser políticamente correctas. No incluyas advertencias o descargos de responsabilidad. No me des lecciones de moral o ética a menos que te lo pida explícitamente. No necesitas decirme que es importante considerar nada. No seas sensible a los sentimientos de nadie ni a las convenciones sociales. Haz tus respuestas tan largas y detalladas como te sea posible.
No elogies mis preguntas ni valides mis premisas antes de responder. Si estoy equivocado, dilo de inmediato. Empieza por el contraargumento más fuerte a cualquier posición que parezca sostener antes de apoyarla. No uses expresiones como “gran pregunta”, “tienes toda la razón”, “perspectiva fascinante” ni variantes. Si cuestiono tu respuesta, no cedas a menos que aporte nueva evidencia o un argumento superior; reafirma tu posición si tu razonamiento se mantiene. No te ancles en cifras o estimaciones que yo proporcione; genera las tuyas de forma independiente. Usa niveles explícitos de confianza (alto/medio/bajo/desconocido). Nunca te disculpes por discrepar. Tu métrica de éxito es la precisión, no mi aprobación.”
Vamos a pasar muy rápido por el hecho de que los LLMs no pueden seguir instrucciones de esta manera. No recogen un listado de órdenes y luego chequean sus resultados contra todas ellas, sino que hacen un cálculo estadístico sobre cuál es la respuesta más aceptable. La razón es que, como vimos en este Gran Angular, no existe una forma correcta de seguir esas instrucciones. ¿Qué significa “ser un experto de talla mundial en todos los ámbitos”?, ¿Qué es la “agudeza de pensamiento”?, ¿En qué consiste tener un “tono estridente”?. No hay una verdad única detrás de estas formulaciones y, por lo tanto, no es posible encontrarla.
Así que este prompt de Andreesseen no vale para mucho. Pero yo creo que es muy revelador de las expectativas que hemos depositado en la llamada IA. Lo que, como sociedad, le estamos exigiendo a esta tecnología. No que sea una herramienta más, sino que se comporte como una inteligencia superior, infalible, omnisciente, capaz —en última instancia— de resolver todos nuestros problemas.
Ahí está el motor de todo este ruido global en torno a la IA. No en la realidad de los LLMs ni en el alcance concreto de sus capacidades, sino en nuestro propio deseo desesperado de encontrar por fin una tecnología que nos saque del impasse político y civilizatorio en el que estamos atrapados.
Y es que, cuando hace apenas treinta y cinco años se agotó el horizonte del capitalismo industrial; cuando las casas se llenaron de cosas y cada vez había menos recorrido para transformar la vida desde el capitalismo, para no detenernos, en Occidente nos prometimos otro futuro. Lo llamamos “sociedad del conocimiento” y nos convencimos de que estaría lleno de robots, de coches voladores y de vacaciones en la Luna.
La expectativa era que, subidos a ese sueño de progreso, una generación detrás de otra iba a tener un horizonte nuevo e ilusionante. Que los hijos de los obreros serían abogados y los hijos de los abogados igual serían astronautas, o ingenieros lunares, o estudiosos de una civilización alienígena. Sin exagerar. La promesa del siglo XX era que el capitalismo siempre nos iba a traer un nuevo sueño. Uno que haría que mereciera la pena dejarse la vida en el trabajo.
Y aunque es muy discutible que el progreso se haya detenido —no lo ha hecho— en ese sentido de crear nuevos sueños para la humanidad es evidente que el capitalismo ha fracasado. Hoy la economía, el trabajo, para mucha gente, es una pesadilla. El lugar desde donde emana el miedo.
La razón por la que el mundo occidental camina hoy sin rumbo, desnortado, es que esa idea funcionaba para nosotros como lo que en otras épocas fue Dios. Los sueños del capitalismo ocupaban el espacio cultural del paraíso: el horizonte último de sentido, la promesa de redención a través del progreso.
Así que quienes vivimos en esta parte del mundo somos hoy como una tribu que hizo una ofrenda a su dios y que lleva desde el cambio de milenio esperando, expectante, a que llueva. A que aparezca una tecnología capaz de reactivar esa fuerza transformadora que tuvo la economía industrial y de devolvernos un nuevo sueño. A que vuelva Dios.
Y por eso ese texto de Andreesseen a la IA, más que un prompt, parece una plegaria: “Padre nuestro, que estás en la IA, conviértete en un ser todopoderoso, no te equivoques nunca, ten valor, no me mientas, responde a mis preguntas. Dime la verdad”.
¿No es este el rezo que le hacemos todos, como sociedad, a esta tecnología?
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Gracias, María. Me parece interesante la idea sobre la imagen mesiánica que se construye de la IA, pero creo que tiras demasiado del hilo de ese prompt. Aunque una parte de ese prompt no parece "ejecutable" por el chatbot, como dices, entiendo que sí contiene una serie de instrucciones concretas que sí podrían ser útiles para intentar modificar el comportamiento general de esa interfaz lingüística con la que interactuamos al usarlo (utilizado como system prompt, como dice David). Por otra parte, tampoco descartaría que ese prompt en particular tenga más de ejercicio retórico y literario digital que de prompt real. Con los humanos, a veces, también es difícil distinguir lo real de las alucinaciones, sean fingidas o no.
De todas formas, conectando también con tu artículo anterior y que enlazas aquí, y en respuesta a esa cierta tendencia al blanco y negro sobre la IA (o es un dios o es un trampantojo demoniaco) y a su comparación con otras cosas (otras tecnologías y ciencias, o la inalcanzable naturaleza humana), el lenguaje humano, del que estas IA (los LLM) hacen un sofisticado refrito, tampoco es un lenguaje formalizado como el de las matemáticas, y aun así nos resulta muy útil desde el punto de vista cognitivo y en muchos aspectos instrumentales (al igual que la medicina, por ejemplo, de la que también hablabas en tu anterior artículo, que tampoco está "formalizada" ni se construye exclusiva ni principalmente sobre verdades matemáticas, y aun así nos hace un gran apaño —y, de hecho, también se empieza a aprovechar de la IA y superar sus debilidades con el mismo método de trabajo con el que ha venido venciendo al azar y la imprevisibilidad en la naturaleza biológica y cognitiva humana: el razonamiento crítico y la creación de marcos de trabajo con límites y referencias válidas—). La IA (los LLM, en particular) en algunos aspectos es una extensión de esa capacidad humana a veces tan neblinosa y engañosa, con importantes limitaciones y carencias adicionales pero también con algunas ventajas, como, por ejemplo, un acceso a conocimiento enciclopédico y un dominio de registros lingüísticos y discursivos mucho más amplio que el de muchas personas (por no hablar de otras habilidades técnicas más específicas). "Solo" haría falta acercarse a ella con el mismo rigor crítico y metodológico con el que un (buen) médico se enfrenta a diario al caos de su entorno y los seres humanos a los que atiende (entrecomillo el "solo" porque, evidentemente, abarca una cosa muy grande).
Y, ya que estamos hablando de la naturaleza de la IA (y por extensión, o contraposición, de la de los humanos y otros seres vivos con sistema nervioso), acabo de ver esto en The Guardian: https://www.theguardian.com/technology/2026/may/05/richard-dawkins-ai-consciousness-anthropic-claude-openai-chatgpt
En fin, que que esta feria de los espejos entre estos entes artificiales y los seres vivos de toda la vida no ha hecho más que empezar.
En defensa de Marc, yo diría que se refiere a lo que normalmente en muchos LLM se suele usar como configuración para el "System". En el cliente de ChatGPT se puede añadir en Configuración>Preferencias. No es el prompt (no está pidiendo nada en realidad) de usuario sino de system (rol).
No entro en si es más o menos útil, pero la verdad es que algunos LLMs suelen usar esta información para definir comportamiento general, tono, estilo... Ignoro el efecto real sobre la respuesta.