No podría estar más de acuerdo con que el valor económico es una derivada más, sólo que visible y medible, del valor extraeconómico, y con que los populismos de derechas no emergen de una percepción de pérdida económica, sino de esa pérdida general de valor que se ejemplifica tan claramente con el caso del hombre heterosexual blanco.
Una peguilla teórica. Me da la sensación de que propones el agotamiento del modelo económico como causa, pero no veo cómo la fragmentación del deseo se sigue de la ruptura de ese modelo. Si consideramos que el valor económico es un epifenómeno del valor extraeconómico, ¿no debería ir la causalidad a la inversa?
Corrígeme, pero creo que dices esto: como todos los productos materiales se han vuelto commodities, su posesión ha dejado de hacernos valiosos y nos hemos quedado sin fuentes de valor de reemplazo, de donde surge la insatisfacción que da lugar a los populismos xenófobos y otras consecuencias nefastas. La primera afirmación, que borra la posesión material de la ecuación, me parece un poco extrema, porque sigue habiendo objetos de deseo y marcadores de distinción material por los que la gente sigue trabajando: muy en particular los coches, por ejemplo, que están muy lejos de convertirse en commodities, pero también la vivienda o incluso la ropa, a pesar de Primark. Y por supuesto están también los marcadores inmateriales pero económicos, como los viajes, las universidades, etc. El otro problema es que conocemos muchas otras causas: si tomas, por ejemplo, el caso del hombre heterosexual blanco, hay todo un movimiento ajeno a la economía que desarrolla un discurso de autovaloración que va en detrimento del suyo: el éxito de las luchas de los colectivos LGTBI tienen más que ver con comunicación y visibilidad que con economía, y es este cuestionamiento del "modo en que hay que ser un hombre" lo que les hace percibir una pérdida de valor, más que el abaratamiento de ciertos marcadores de masculinidad.
Yo le daría la vuelta (aunque ésa es la moto que vendo en mi blog, claro, disculpas por el autobombo): si todos somos especiales, nadie es especial, o, dicho de otro modo, el valor es relacional: algo vale en la medida en que es más deseado que otra cosa, se trata siempre de una preferencia. Si hay modos deseables de ser hombre distintos de los del hombre heterosexual blanco, el HHB pierde valor "objetivo", cuota de mercado, y se resiente. Estos nuevos valores surgirían del incremento de la interconexión del mundo gracias a la tecnología, que da visibilidad a muchas más formas de ser valioso: una persona homosexual de un pueblo de Soria ya no se siente tan bicho raro cuando puede conectar con comunidades fuera de su entorno inmediato, cuando encuentra un comunidad de valor. Puesto que el valor económico es una derivada del valor extraeconómico, estos nuevos modos de valorar tendrían consecuencias económicas. Y por lo que respecta a la abundancia, se daría del hecho de que lo que se están multiplicando son las propias escalas de valor (o lo que es lo mismo, las comunidades de valor).
Un ejemplo, tomado de Bourdieu y aprovechando el Fringe (que me da mucha envidia, por cierto): un director de teatro independiente se consideraría un fracaso si de pronto tuviera éxito comercial y vinieran a verle señoras con visón; uno de teatro comercial, por el contrario, se sentiría un fracaso con un éxito de crítica y un pequeño público devoto de gafapastas. Es decir, hay al menos dos formas de triunfar en el teatro, de adquirir valor, pero nada impide que se multipliquen con la fragmentación de los tipos de público.
Perdón por el tostón, pero siento tu posición y temas tan próximos que no puedo evitar intentar un diálogo. Y perdón por la autocita (no es por pescar subscriptores, aunque bienvenido si cae alguno 😏) pero me expando sobre estas ideas en su aspecto económico aquí: https://ubicaciones.substack.com/p/mercados
Buenas María. Lo primero es darte las gracias por la serie que estás escribiendo. La estoy disfrutando mucho.
Creo que has dado en el clavo en que gran parte del malestar actual es esta transposición y mutación social de lo que desean otros y lo que nos exigen, lo que deseamos y lo que somos.
Se cambian las reglas del juego de un día para otro pero muchos tenemos aún los hábitos de la anterior partida.
Y aún así creo que hay un elefante inmenso en la habitación que apoya y empuja a ese malestar actual: la incertidumbre.
¿A quién le importa qué ser o desear si pasado mañana igual entramos en una economía de guerra? ¿Quién se plantea ser atractivo a empresas que cada vez más alaban a la IA? ¿Cómo vas a preocuparte por tu valor social si cada vez es más común que, igual pasado mañana, te echan de tu piso de alquiler o no te atienden a tiempo en la sanidad pública y te toca pagar privada?
Creo que ya en parte somos conscientes de que ni siquiera podemos acudir a alguien que nos diga lo que hacer porque sabemos que nadie sabe lo que va a pasar mañana. Y quien aún así el que lo busca creo que en el fondo sabe que quiere un placebo. Como la cita de Flebag que usas: "Y aunque no me creo ninguna de sus gilipolleces y sé que científicamente nada de lo que haga, al final, importa, aún así estoy asustada".
Pero eso, creo que el malestar no viene sólo de "no encajar" en los moldes económicos y sociales nuevos.
Por último, no sé si cuando hablas de millennials y mencionas el artículo de The Atlantic, quieres meter en ese saco a los millennials de EEUU, los europeos o todos juntos o a quién. Creo que también es algo tramposo hablar de que el "obrero medio" vive mejor en Europa (en tanto que se habla de "medias" y se mete a todos los países de la UE juntos).
Leí el mes pasado tu artículo en El Diario sobre "La Gran Transferencia" y te leo desde hace poco así que igual no pillo tu línea de pensamiento bien aún, pero me resultan estimulantes tus ideas. Se suelen salir de lo que se regurgita y repite en redes.
Hola, María. No está nada mal el cambiazo de Glasgow a Edimburgo, coincidiendo además con el fiestorro teatral del Fringe, que dicen que es la repera. Gracias por volver a tu serie, de la que me confieso fan total. Estás tocando hueso y se agradece que te atrevas a hacerlo con buenos argumentos.
No me ha gustado nada el tono de uno de los comentaristas, pero, por no matar al mensajero, sí que comparto algunas de las dudas sobre si «estamos tan bien que…» o si realmente «vivimos mejor». No quiero seguir por ahí porque sería largo y porque el marco de referencia de la comparación (¿vivir mejor o simplemente no peor?) me parece bastante resbaladizo. Y no es una cuestión menor, porque condiciona después que podamos suscribir o no tu paradoja de que «la gente más cabreada no coincide con los que peor lo están pasando». Me parece una hipótesis válida (de hecho, creo que estoy cerca de ella), pero cuanto más profundizo en sus premisas, más dudas me genera.
Quería añadir dos apuntes.
El primero es semántico y, como todo, discutible. El término «stock de deseo», tal como lo usas, creo que puede generar cierta confusión. Una vez explicado se entiende, claro, pero quizás se pillaría antes si lo llamáramos «capital de deseabilidad». «Stock de deseo» puede leerse como la cantidad de deseo que uno acumula o siente, no como la cantidad que despierta en los demás. Si lo que quieres expresar es «cuánto nos desean los demás», «capital de deseabilidad» me resulta más transparente: algo que posees en función del atractivo que te atribuyen otros. Pero, vaya, esto es solo una apreciación semántica y no vale más que eso.
Mi segundo apunte sí es más de fondo. He prestado mucha atención a esto que dices: «Hay gente a la que le remueve escuchar que el valor social reside en lo que los demás quieren de nosotros, y no se lo reprocho. Pero creo que esa gente confunde mis creencias personales sobre el valor humano —o las suyas— con el propósito de este artículo, que es entender el comportamiento de la sociedad contemporánea».
Sé que aclaras que no te interesa entrar en absolutos morales sobre el valor humano, aunque consideres que el asunto importa. Vale, es perfectamente respetable. Pero me cuesta más acompañarte cuando dices que discutir esos valores resulta «poco práctico». No sé, además, hasta qué punto existen esos «asuntos mucho más sencillos» sobre los que podamos ponernos de acuerdo y que sean realmente ajenos a los marcos morales desde los que miramos.
Sé también que aquí me salgo de tu marco de análisis, pero es que me cuesta verlo con visión de túnel. Describir un mecanismo social no es del todo neutral cuando el marco desde el que lo describimos puede contribuir a naturalizarlo. Si llamamos «valor social» a la cantidad de deseo que despertamos, corremos el riesgo de convertir una forma contingente de valoración en la definición misma del valor social.
Separar por completo descripción y norma me parece especialmente difícil aquí, porque los criterios con los que una sociedad fabrica deseo también son producto de valores previos: prestigio, belleza, éxito, utilidad, estatus, visibilidad… Preguntarse por esos valores no me parece salirse del análisis; puede ser justamente una parte necesaria para entenderlo. Y también para evitar una posible profecía autocumplida: «esto es lo que la sociedad valora» → organizamos nuestra conducta alrededor de ello → terminamos reforzándolo.
Seguro que sueno un poco petardo volviendo a los valores cuando tú has dicho expresamente que no era ese tu objetivo, pero me parece arriesgado trocear tanto el problema. Meterse en el lío de ofrecer «una explicación de cómo se fabrica realmente el valor social, de por qué somos valiosos unos para otros» supone también, aunque sea indirectamente, sugerir qué entendemos por valor y qué mecanismos legitimamos para producirlo. Si entramos en la rueda de invertir en «capital de deseabilidad» según cuánto deseo despertamos en otros, y no según cuánto valemos atendiendo a parámetros algo más sofisticados (y, a ser posible, combinando criterios extrínsecos e intrínsecos), quizás estemos abriendo un camino un poco chungillo. Y este es un clásico: la mirada «realista» del economista (cuando no está compensada por una mirada humanista o sistémica) corre el riesgo de quedar secuestrada por su propio marco y confundir una forma de medir el valor con el valor mismo.
Y una última cosa. Incluso aceptando tu propio marco, «cuántos me desean» me parece una medida rudimentaria. No es lo mismo provocar un deseo superficial en cien personas que ser profundamente deseado, admirado o querido por unas pocas. Habría que introducir intensidad, calidad, estabilidad y naturaleza del deseo, y entonces esa métrica aparentemente sencilla empieza a deshacerse bastante.
Perdón si me estoy adelantando. Es muy probable que en las siguientes entregas contestes ya a parte de esto. Dejo aquí mis dudas por si aporta algo a la conversación y puedes responderlas más adelante.
Observo gente que solo sabe leer y analizar la realidad aplicando etiquetas morales y despotricando de todo lo que aborrecen cual señora mayor en desesperada y ferviente búsqueda de atención (sexual y de cualquier otro tipo). Esa, al menos, es la impresión que dan. Esas personas, estableciendo una analogía con el mundo platónico de las Ideas, dan por supuesto, evidentemente, que ellos viven en el bien y la verdad, lo cual nos sitúa a los que no estamos de acuerdo con ellos en la mentira, el mal y el infierno. Esto no es algo que me preocupe excesivamente, todos hacemos juicios de valor, pero me hace preguntarme por qué algunos tienen la seguridad de que el paraíso solo está reservado para ellos. Esas mismas personas, además, consideran que vivimos en un mundo bastante mejorable --creo que tienen razón en esto--, pero después pretenden que todos pensemos y valoremos como ellos. Así que me pregunto: ¿qué les hace suponer que si todos pensáramos y valoráramos como ellos hacen el mundo sería mejor?, ¿no tendría más lógica pensar que los grupos que concentran un modo de valorar parecido y son más extensos, son el verdadero problema que hace que el mundo sea lo que es? Dar la impresión de que se va contra la corriente puede ser muy valorado en determinados ambientes y por gentes de una determinada ideología, pero esto puede ser más una pose que una actitud genuina. Porque la realidad es que incluso los que dicen que son contrarios a las jerarquías las terminan legitimando con sus actos. El papel, como se suele decir, lo aguanta todo; la realidad, en cambio, no.
Al margen de "la Economía": no sabemos dialogar, no sabemos disentir y menos aún discutir. Nadie tiene razón, en un intercambio de Comunicación Violenta. No por gritar más se tiene más razón. 🤯💬🤦
'Esto es lo que busco con esta serie. No un acuerdo sobre cuánto vale una persona, sino una explicación de cómo se fabrica realmente el valor social, de por qué somos valiosos unos para otros, que se sostenga con independencia de la tesis moral de cada cuál"
Esperaremos las siguientes entregas de este estupendo serial, pero va a ser muy difícil que consiga su propósito.
Fíjense ustedes que la autora pretende exponer una teoría del valor social que aceptemos con independencia de nuestra moral.
Pero, claro, sucede que esa teoría, igual que la moral individual, no son absolutos, sino producto de nuestra evolución como especie.
De manera que hoy, como siempre, acabaremos siendo valorados por el mismo mecanismo que ha venido funcionando desde la noche de los tiempos: la intersección entre oferta y demanda.
El equilibrio será en términos de bienes físicos o inmateriales, lo podremos llamar productividad, o precio relativo, pero en el fondo seguirá siendo lo mismo: tanto tienes, tanto vales.
Esa es la moral del sistema, a la que todos nos seguiremos adaptando.
Lo otro, LA MORAL, es cosa de filósofos y de algunos usuarios de LinkedIn
Abundancia, eso ds este mundo: Abundancia. Y lo jodido es que que todavía está por ahí rondando todas las esquinas el Malthusianiamo y su delirante idea de que somos muchos en este bellísimo planeta de abundancia.
Al comenzar a leer el Artículo ya me topé con esta delirante afirmación:
“Los millennials no viven realmente peor que sus padres; la clase trabajadora no es más pobre hoy que hace veinticinco años (en uno o dos países quizá sí, desde luego no en la mayoría); la desigualdad crece en Estados Unidos, pero en Europa, donde el populismo campa a sus anchas, apenas se ha movido en lo que va de siglo.”
No sabía si reír o llorar… A pesar de los datos sobre SUELDOS ESTANCADOS para la Clase Trabajadora en la Sociedad Occidental desde hace más de treinta años, sobre la IMPOSIBILIDAD FÍSICA de ser PROPIETARIOS DE UNA VIVIENDA, sobre la BAJADA DE LA NATALIDAD a niveles que comprometen seriamente la continuidad de la Civilización tal y como la conocemos, debido BÁSICAMENTE A LAS DOS RAZONES ANTERIORES, para esta Señora: “la clase trabajadora no es más pobre hoy que hace veinticinco años”…
Traducción: LOS POBRES NO SON FELICES POR QUE NO QUIEREN😂😂😂
Luego lees cosas como estas:
“aunque la gente estuviera dispuesta a trabajar —y a cobrar— como un obrero chino, eso no haría a los europeos más deseados que a sus homólogos de otros países.”
Claro por que los sueldos se podrían bajar para competir pero (this is out of the question) LOS INMENSOS BENEFICIOS EMPRESARIALES QUE NO DEJAN DE SUBIR CADA AÑO DESDE HACE TREINTA AÑOS a costa de reducir costos de Producción como sea (TRABAJADOR, SUELDO) ESO NI SE MENCIONA… ¡POBRE QUE ERES UN POBRE!
Luego acaba con su descripción personal en la que explica que ella es una persona adinerada, inteligente, formada y con privilegios que no aclara si los consiguió ella misma o le vinieron “de fábrica”… y lo entiendes todo… El Clasismo disfrazado de progresismo postmoderno que desprecia al Proletariado (sí, el PROLETARIADO) por qué no entiende ni entenderá jamás lo que significa tener que elegir entre pagar la luz o que sus hijos coman…
esto es como otro ensayo de esta Señora en el que, al comenzar la invasión de Irán, la razón que esta afamada experta geopolítica para explicar su inicio era que “Donald Trump buscaba atención y cariño”… Todo muy de manual de auto-ayuda (todo muy AUTO-SELF-YO-ME-ME-ME) que es lo que le interesa a los Jefes de esta Señora, no vaya a ser que la Gente comienza a pensar en el COLECTIVO (CLASE TRABAJADORA) y jodemos el Negocio…
Para el que quiera una visión realista y no pervertida por el Clasismo Cool recomiendo leer esto:
Te sugiero que, en lugar de despotricar como un energúmeno leas alguna de las otras cosas que he escrito (sobre vivienda, por ejemplo).
Sobre si la clase trabajadora vive o no peor que hace 25 años, te propongo que me demuestres que estoy equivocada. Ojo, yo no he dicho que viva mucho mejor. He dicho que no vive peor. Demuéstrame que eso no es verdad y que esa afirmación es "delirante".
Bueno, es DELIRANTE por que básicamente un empleado por cuenta ajena de digamos 35 años en los años 70 en Europa (donde dices que triunfa el ‘Populismo’, unos ordinarios) TENÍA UN PISO EN PROPIEDAD O LO ESTABA PAGANDO y TENÍA UN TRABAJO ESTABLE (Contrato FIJO) donde seguramente si no hacía el tonto se iba a jubilar… y tenía dos o tres hijos… RECUERDA: PISO EN PROPIEDAD/TRABAJO ESTABLE/JUBILACION ASEGURADA/FAMILIA…
En 2001 (hace 25 años) los “Millennials” de entonces aún podían acceder a eso aunque ya no claro como sus Padres los “Boomers” de los Treinta Gloriosos (50’s, 60’s y 70’s); la locomotora empezó a detenerse con el advenimiento del Capitalismo Financiero, Especulativo y Extractivo en los 80’s (tras el abandono del Fordismo y la Economía PRODUCTIVA Y REAL que aportaba VALOR a la Sociedad para CONTINUAR TENIENDO MÁS Y MÁS PROFIT); hace 25 años la INERCIA continuaba moviéndola (hasta el CRASH de 2008, otro hecho del todo irrelevante y tangencial para la Autora), y LA LOCOMOTORA SE ESTRELLÓ CONTRA EL MURO que marcaba el FIN DE LA ESTACIÓN (pero las bajas se contaron entre los pasajeros de los vagones destinados a los “Curritos”)… ¿NO ES GENIAL? Ahí se acabó todo… La Riqueza (lo que usted diga que es) continuó concentrándose en MENOS Y MENOS MANOS… Hasta llegar al Millennial de 2026 que ya NO PUEDE NI SIQUIERA SOÑAR EN ESAS COSAS: PISO EN PROPIEDAD/TRABAJO ESTABLE/JUBILACION ASEGURADA/FAMILIA… Pero bah, “no vive peor”😂😂😂
Compara esto ahora con un tipo de 35 años promedio AHORA. Ah, pero es que ahora tienen iPhones y viajan al otro lado del mundo y tienen el ocio que tenían los ricos entonces… Y viven con sus Padres CON 35 AÑOS. Claro, los sueldos no dan para hacer una vida que asegure la continuidad de la Civilización tal y como la conocemos, pero eso para usted parece ser algo (Oig) IRRELEVANTE…
Hola, me llama mucho la atención que menciones a los malvados "jefes" de María y posteriormente recomiendes un enlace del mismo periódico. No sé si sabrás que María es autora de El Diario.
Sobre tu comentario me da la impresión de que has interpretado lo que has querido del post y luego te has enfadado con esa interpretación. Además María hace bien en calificarte de energúmeno, porque te has equivocado con el tono.
Si lees los artículos anteriores de María te harás una idea mejor de a qué se refiere con que no vivimos peor que las generaciones anteriores. Si mides el nivel de vida según los pisos que tenga uno en propiedad claramente estamos mucho peor.
Lo que María defiende (y me perdonará que baje su discurso a mi nivel, hago lo que puedo) es que la economía es tan solo la métrica que han encontrado los economistas para medir si las cosas van bien o mal, pero que existen toda una serie de elementos que la economía no es capaz de cuantificar y que por lo tanto ignora por completo sus beneficios. El nivel de vida mejora a pesar de que la economía empeora.
Un ejercicio de pensamiento que me gusta es imaginar qué pasaría si mañana aparece una pastilla (de 1€) que cura el cáncer. Aunque el beneficio (directo e indirecto) para la sociedad sería inconmensurable, decenas de miles de personas perderían su trabajo automáticamente. Es un ejemplo exagerado pero no muy lejano de mi favorito, el que puso María en uno de sus primeros post: el Ozempic, que pronto perderá su patente y bajará de precio, llevándose por delante toda una industria de la salud y la alimentación. Existen cada vez más ejemplos reales de fenómenos en los que una clara mejoría de la sociedad tiene como consecuencia una gran destrucción económica y cada vez es más difícil encontrar un trabajo cuando lo que producías se vuelve abundante.
En otras palabras, estamos tan bien, que no necesitamos nada y por lo tanto el trabajo cada vez vale menos (ergo somos más pobres).
“En otras palabras, estamos tan bien, que no necesitamos nada y por lo tanto el trabajo cada vez vale menos (ergo somos más pobres)” Sobran las palabras… Good night and Good Luck
No podría estar más de acuerdo con que el valor económico es una derivada más, sólo que visible y medible, del valor extraeconómico, y con que los populismos de derechas no emergen de una percepción de pérdida económica, sino de esa pérdida general de valor que se ejemplifica tan claramente con el caso del hombre heterosexual blanco.
Una peguilla teórica. Me da la sensación de que propones el agotamiento del modelo económico como causa, pero no veo cómo la fragmentación del deseo se sigue de la ruptura de ese modelo. Si consideramos que el valor económico es un epifenómeno del valor extraeconómico, ¿no debería ir la causalidad a la inversa?
Corrígeme, pero creo que dices esto: como todos los productos materiales se han vuelto commodities, su posesión ha dejado de hacernos valiosos y nos hemos quedado sin fuentes de valor de reemplazo, de donde surge la insatisfacción que da lugar a los populismos xenófobos y otras consecuencias nefastas. La primera afirmación, que borra la posesión material de la ecuación, me parece un poco extrema, porque sigue habiendo objetos de deseo y marcadores de distinción material por los que la gente sigue trabajando: muy en particular los coches, por ejemplo, que están muy lejos de convertirse en commodities, pero también la vivienda o incluso la ropa, a pesar de Primark. Y por supuesto están también los marcadores inmateriales pero económicos, como los viajes, las universidades, etc. El otro problema es que conocemos muchas otras causas: si tomas, por ejemplo, el caso del hombre heterosexual blanco, hay todo un movimiento ajeno a la economía que desarrolla un discurso de autovaloración que va en detrimento del suyo: el éxito de las luchas de los colectivos LGTBI tienen más que ver con comunicación y visibilidad que con economía, y es este cuestionamiento del "modo en que hay que ser un hombre" lo que les hace percibir una pérdida de valor, más que el abaratamiento de ciertos marcadores de masculinidad.
Yo le daría la vuelta (aunque ésa es la moto que vendo en mi blog, claro, disculpas por el autobombo): si todos somos especiales, nadie es especial, o, dicho de otro modo, el valor es relacional: algo vale en la medida en que es más deseado que otra cosa, se trata siempre de una preferencia. Si hay modos deseables de ser hombre distintos de los del hombre heterosexual blanco, el HHB pierde valor "objetivo", cuota de mercado, y se resiente. Estos nuevos valores surgirían del incremento de la interconexión del mundo gracias a la tecnología, que da visibilidad a muchas más formas de ser valioso: una persona homosexual de un pueblo de Soria ya no se siente tan bicho raro cuando puede conectar con comunidades fuera de su entorno inmediato, cuando encuentra un comunidad de valor. Puesto que el valor económico es una derivada del valor extraeconómico, estos nuevos modos de valorar tendrían consecuencias económicas. Y por lo que respecta a la abundancia, se daría del hecho de que lo que se están multiplicando son las propias escalas de valor (o lo que es lo mismo, las comunidades de valor).
Un ejemplo, tomado de Bourdieu y aprovechando el Fringe (que me da mucha envidia, por cierto): un director de teatro independiente se consideraría un fracaso si de pronto tuviera éxito comercial y vinieran a verle señoras con visón; uno de teatro comercial, por el contrario, se sentiría un fracaso con un éxito de crítica y un pequeño público devoto de gafapastas. Es decir, hay al menos dos formas de triunfar en el teatro, de adquirir valor, pero nada impide que se multipliquen con la fragmentación de los tipos de público.
Perdón por el tostón, pero siento tu posición y temas tan próximos que no puedo evitar intentar un diálogo. Y perdón por la autocita (no es por pescar subscriptores, aunque bienvenido si cae alguno 😏) pero me expando sobre estas ideas en su aspecto económico aquí: https://ubicaciones.substack.com/p/mercados
Impresionante, María. Me ha gustado mucho el artículo. Creo que estás poniendo el dedo en la llaga. Espero ansiosamente el siguiente artículo. Gracias
Muchas gracias, Bobby! Este viernes, el siguiente!
Buenas María. Lo primero es darte las gracias por la serie que estás escribiendo. La estoy disfrutando mucho.
Creo que has dado en el clavo en que gran parte del malestar actual es esta transposición y mutación social de lo que desean otros y lo que nos exigen, lo que deseamos y lo que somos.
Se cambian las reglas del juego de un día para otro pero muchos tenemos aún los hábitos de la anterior partida.
Y aún así creo que hay un elefante inmenso en la habitación que apoya y empuja a ese malestar actual: la incertidumbre.
¿A quién le importa qué ser o desear si pasado mañana igual entramos en una economía de guerra? ¿Quién se plantea ser atractivo a empresas que cada vez más alaban a la IA? ¿Cómo vas a preocuparte por tu valor social si cada vez es más común que, igual pasado mañana, te echan de tu piso de alquiler o no te atienden a tiempo en la sanidad pública y te toca pagar privada?
Creo que ya en parte somos conscientes de que ni siquiera podemos acudir a alguien que nos diga lo que hacer porque sabemos que nadie sabe lo que va a pasar mañana. Y quien aún así el que lo busca creo que en el fondo sabe que quiere un placebo. Como la cita de Flebag que usas: "Y aunque no me creo ninguna de sus gilipolleces y sé que científicamente nada de lo que haga, al final, importa, aún así estoy asustada".
Pero eso, creo que el malestar no viene sólo de "no encajar" en los moldes económicos y sociales nuevos.
Por último, no sé si cuando hablas de millennials y mencionas el artículo de The Atlantic, quieres meter en ese saco a los millennials de EEUU, los europeos o todos juntos o a quién. Creo que también es algo tramposo hablar de que el "obrero medio" vive mejor en Europa (en tanto que se habla de "medias" y se mete a todos los países de la UE juntos).
Leí el mes pasado tu artículo en El Diario sobre "La Gran Transferencia" y te leo desde hace poco así que igual no pillo tu línea de pensamiento bien aún, pero me resultan estimulantes tus ideas. Se suelen salir de lo que se regurgita y repite en redes.
Un saludo y un abrazo.
Hola, María. No está nada mal el cambiazo de Glasgow a Edimburgo, coincidiendo además con el fiestorro teatral del Fringe, que dicen que es la repera. Gracias por volver a tu serie, de la que me confieso fan total. Estás tocando hueso y se agradece que te atrevas a hacerlo con buenos argumentos.
No me ha gustado nada el tono de uno de los comentaristas, pero, por no matar al mensajero, sí que comparto algunas de las dudas sobre si «estamos tan bien que…» o si realmente «vivimos mejor». No quiero seguir por ahí porque sería largo y porque el marco de referencia de la comparación (¿vivir mejor o simplemente no peor?) me parece bastante resbaladizo. Y no es una cuestión menor, porque condiciona después que podamos suscribir o no tu paradoja de que «la gente más cabreada no coincide con los que peor lo están pasando». Me parece una hipótesis válida (de hecho, creo que estoy cerca de ella), pero cuanto más profundizo en sus premisas, más dudas me genera.
Quería añadir dos apuntes.
El primero es semántico y, como todo, discutible. El término «stock de deseo», tal como lo usas, creo que puede generar cierta confusión. Una vez explicado se entiende, claro, pero quizás se pillaría antes si lo llamáramos «capital de deseabilidad». «Stock de deseo» puede leerse como la cantidad de deseo que uno acumula o siente, no como la cantidad que despierta en los demás. Si lo que quieres expresar es «cuánto nos desean los demás», «capital de deseabilidad» me resulta más transparente: algo que posees en función del atractivo que te atribuyen otros. Pero, vaya, esto es solo una apreciación semántica y no vale más que eso.
Mi segundo apunte sí es más de fondo. He prestado mucha atención a esto que dices: «Hay gente a la que le remueve escuchar que el valor social reside en lo que los demás quieren de nosotros, y no se lo reprocho. Pero creo que esa gente confunde mis creencias personales sobre el valor humano —o las suyas— con el propósito de este artículo, que es entender el comportamiento de la sociedad contemporánea».
Sé que aclaras que no te interesa entrar en absolutos morales sobre el valor humano, aunque consideres que el asunto importa. Vale, es perfectamente respetable. Pero me cuesta más acompañarte cuando dices que discutir esos valores resulta «poco práctico». No sé, además, hasta qué punto existen esos «asuntos mucho más sencillos» sobre los que podamos ponernos de acuerdo y que sean realmente ajenos a los marcos morales desde los que miramos.
Sé también que aquí me salgo de tu marco de análisis, pero es que me cuesta verlo con visión de túnel. Describir un mecanismo social no es del todo neutral cuando el marco desde el que lo describimos puede contribuir a naturalizarlo. Si llamamos «valor social» a la cantidad de deseo que despertamos, corremos el riesgo de convertir una forma contingente de valoración en la definición misma del valor social.
Separar por completo descripción y norma me parece especialmente difícil aquí, porque los criterios con los que una sociedad fabrica deseo también son producto de valores previos: prestigio, belleza, éxito, utilidad, estatus, visibilidad… Preguntarse por esos valores no me parece salirse del análisis; puede ser justamente una parte necesaria para entenderlo. Y también para evitar una posible profecía autocumplida: «esto es lo que la sociedad valora» → organizamos nuestra conducta alrededor de ello → terminamos reforzándolo.
Seguro que sueno un poco petardo volviendo a los valores cuando tú has dicho expresamente que no era ese tu objetivo, pero me parece arriesgado trocear tanto el problema. Meterse en el lío de ofrecer «una explicación de cómo se fabrica realmente el valor social, de por qué somos valiosos unos para otros» supone también, aunque sea indirectamente, sugerir qué entendemos por valor y qué mecanismos legitimamos para producirlo. Si entramos en la rueda de invertir en «capital de deseabilidad» según cuánto deseo despertamos en otros, y no según cuánto valemos atendiendo a parámetros algo más sofisticados (y, a ser posible, combinando criterios extrínsecos e intrínsecos), quizás estemos abriendo un camino un poco chungillo. Y este es un clásico: la mirada «realista» del economista (cuando no está compensada por una mirada humanista o sistémica) corre el riesgo de quedar secuestrada por su propio marco y confundir una forma de medir el valor con el valor mismo.
Y una última cosa. Incluso aceptando tu propio marco, «cuántos me desean» me parece una medida rudimentaria. No es lo mismo provocar un deseo superficial en cien personas que ser profundamente deseado, admirado o querido por unas pocas. Habría que introducir intensidad, calidad, estabilidad y naturaleza del deseo, y entonces esa métrica aparentemente sencilla empieza a deshacerse bastante.
Perdón si me estoy adelantando. Es muy probable que en las siguientes entregas contestes ya a parte de esto. Dejo aquí mis dudas por si aporta algo a la conversación y puedes responderlas más adelante.
¡gracias por la serie!
Observo gente que solo sabe leer y analizar la realidad aplicando etiquetas morales y despotricando de todo lo que aborrecen cual señora mayor en desesperada y ferviente búsqueda de atención (sexual y de cualquier otro tipo). Esa, al menos, es la impresión que dan. Esas personas, estableciendo una analogía con el mundo platónico de las Ideas, dan por supuesto, evidentemente, que ellos viven en el bien y la verdad, lo cual nos sitúa a los que no estamos de acuerdo con ellos en la mentira, el mal y el infierno. Esto no es algo que me preocupe excesivamente, todos hacemos juicios de valor, pero me hace preguntarme por qué algunos tienen la seguridad de que el paraíso solo está reservado para ellos. Esas mismas personas, además, consideran que vivimos en un mundo bastante mejorable --creo que tienen razón en esto--, pero después pretenden que todos pensemos y valoremos como ellos. Así que me pregunto: ¿qué les hace suponer que si todos pensáramos y valoráramos como ellos hacen el mundo sería mejor?, ¿no tendría más lógica pensar que los grupos que concentran un modo de valorar parecido y son más extensos, son el verdadero problema que hace que el mundo sea lo que es? Dar la impresión de que se va contra la corriente puede ser muy valorado en determinados ambientes y por gentes de una determinada ideología, pero esto puede ser más una pose que una actitud genuina. Porque la realidad es que incluso los que dicen que son contrarios a las jerarquías las terminan legitimando con sus actos. El papel, como se suele decir, lo aguanta todo; la realidad, en cambio, no.
Al margen de "la Economía": no sabemos dialogar, no sabemos disentir y menos aún discutir. Nadie tiene razón, en un intercambio de Comunicación Violenta. No por gritar más se tiene más razón. 🤯💬🤦
'Esto es lo que busco con esta serie. No un acuerdo sobre cuánto vale una persona, sino una explicación de cómo se fabrica realmente el valor social, de por qué somos valiosos unos para otros, que se sostenga con independencia de la tesis moral de cada cuál"
Esperaremos las siguientes entregas de este estupendo serial, pero va a ser muy difícil que consiga su propósito.
Fíjense ustedes que la autora pretende exponer una teoría del valor social que aceptemos con independencia de nuestra moral.
Pero, claro, sucede que esa teoría, igual que la moral individual, no son absolutos, sino producto de nuestra evolución como especie.
De manera que hoy, como siempre, acabaremos siendo valorados por el mismo mecanismo que ha venido funcionando desde la noche de los tiempos: la intersección entre oferta y demanda.
El equilibrio será en términos de bienes físicos o inmateriales, lo podremos llamar productividad, o precio relativo, pero en el fondo seguirá siendo lo mismo: tanto tienes, tanto vales.
Esa es la moral del sistema, a la que todos nos seguiremos adaptando.
Lo otro, LA MORAL, es cosa de filósofos y de algunos usuarios de LinkedIn
Bueno, puede ser eso, o puede ser que no. Nos vemos en las siguientes entregas.
No me lo perdería.
Maravilloso, María, propones un debate difícil, pero voy a leerme primero el resto que no sé por qué no había aterrizado en tus escritos antes!
Gracias, Miriam!!
Abundancia, eso ds este mundo: Abundancia. Y lo jodido es que que todavía está por ahí rondando todas las esquinas el Malthusianiamo y su delirante idea de que somos muchos en este bellísimo planeta de abundancia.
Tal cual. A veces da la sensación de que nos gusta sufrir :o
Al comenzar a leer el Artículo ya me topé con esta delirante afirmación:
“Los millennials no viven realmente peor que sus padres; la clase trabajadora no es más pobre hoy que hace veinticinco años (en uno o dos países quizá sí, desde luego no en la mayoría); la desigualdad crece en Estados Unidos, pero en Europa, donde el populismo campa a sus anchas, apenas se ha movido en lo que va de siglo.”
No sabía si reír o llorar… A pesar de los datos sobre SUELDOS ESTANCADOS para la Clase Trabajadora en la Sociedad Occidental desde hace más de treinta años, sobre la IMPOSIBILIDAD FÍSICA de ser PROPIETARIOS DE UNA VIVIENDA, sobre la BAJADA DE LA NATALIDAD a niveles que comprometen seriamente la continuidad de la Civilización tal y como la conocemos, debido BÁSICAMENTE A LAS DOS RAZONES ANTERIORES, para esta Señora: “la clase trabajadora no es más pobre hoy que hace veinticinco años”…
Traducción: LOS POBRES NO SON FELICES POR QUE NO QUIEREN😂😂😂
Luego lees cosas como estas:
“aunque la gente estuviera dispuesta a trabajar —y a cobrar— como un obrero chino, eso no haría a los europeos más deseados que a sus homólogos de otros países.”
Claro por que los sueldos se podrían bajar para competir pero (this is out of the question) LOS INMENSOS BENEFICIOS EMPRESARIALES QUE NO DEJAN DE SUBIR CADA AÑO DESDE HACE TREINTA AÑOS a costa de reducir costos de Producción como sea (TRABAJADOR, SUELDO) ESO NI SE MENCIONA… ¡POBRE QUE ERES UN POBRE!
Luego acaba con su descripción personal en la que explica que ella es una persona adinerada, inteligente, formada y con privilegios que no aclara si los consiguió ella misma o le vinieron “de fábrica”… y lo entiendes todo… El Clasismo disfrazado de progresismo postmoderno que desprecia al Proletariado (sí, el PROLETARIADO) por qué no entiende ni entenderá jamás lo que significa tener que elegir entre pagar la luz o que sus hijos coman…
esto es como otro ensayo de esta Señora en el que, al comenzar la invasión de Irán, la razón que esta afamada experta geopolítica para explicar su inicio era que “Donald Trump buscaba atención y cariño”… Todo muy de manual de auto-ayuda (todo muy AUTO-SELF-YO-ME-ME-ME) que es lo que le interesa a los Jefes de esta Señora, no vaya a ser que la Gente comienza a pensar en el COLECTIVO (CLASE TRABAJADORA) y jodemos el Negocio…
Para el que quiera una visión realista y no pervertida por el Clasismo Cool recomiendo leer esto:
https://www.eldiario.es/1_cd72a0
Salud y República
Te sugiero que, en lugar de despotricar como un energúmeno leas alguna de las otras cosas que he escrito (sobre vivienda, por ejemplo).
Sobre si la clase trabajadora vive o no peor que hace 25 años, te propongo que me demuestres que estoy equivocada. Ojo, yo no he dicho que viva mucho mejor. He dicho que no vive peor. Demuéstrame que eso no es verdad y que esa afirmación es "delirante".
Bueno, es DELIRANTE por que básicamente un empleado por cuenta ajena de digamos 35 años en los años 70 en Europa (donde dices que triunfa el ‘Populismo’, unos ordinarios) TENÍA UN PISO EN PROPIEDAD O LO ESTABA PAGANDO y TENÍA UN TRABAJO ESTABLE (Contrato FIJO) donde seguramente si no hacía el tonto se iba a jubilar… y tenía dos o tres hijos… RECUERDA: PISO EN PROPIEDAD/TRABAJO ESTABLE/JUBILACION ASEGURADA/FAMILIA…
En 2001 (hace 25 años) los “Millennials” de entonces aún podían acceder a eso aunque ya no claro como sus Padres los “Boomers” de los Treinta Gloriosos (50’s, 60’s y 70’s); la locomotora empezó a detenerse con el advenimiento del Capitalismo Financiero, Especulativo y Extractivo en los 80’s (tras el abandono del Fordismo y la Economía PRODUCTIVA Y REAL que aportaba VALOR a la Sociedad para CONTINUAR TENIENDO MÁS Y MÁS PROFIT); hace 25 años la INERCIA continuaba moviéndola (hasta el CRASH de 2008, otro hecho del todo irrelevante y tangencial para la Autora), y LA LOCOMOTORA SE ESTRELLÓ CONTRA EL MURO que marcaba el FIN DE LA ESTACIÓN (pero las bajas se contaron entre los pasajeros de los vagones destinados a los “Curritos”)… ¿NO ES GENIAL? Ahí se acabó todo… La Riqueza (lo que usted diga que es) continuó concentrándose en MENOS Y MENOS MANOS… Hasta llegar al Millennial de 2026 que ya NO PUEDE NI SIQUIERA SOÑAR EN ESAS COSAS: PISO EN PROPIEDAD/TRABAJO ESTABLE/JUBILACION ASEGURADA/FAMILIA… Pero bah, “no vive peor”😂😂😂
Compara esto ahora con un tipo de 35 años promedio AHORA. Ah, pero es que ahora tienen iPhones y viajan al otro lado del mundo y tienen el ocio que tenían los ricos entonces… Y viven con sus Padres CON 35 AÑOS. Claro, los sueldos no dan para hacer una vida que asegure la continuidad de la Civilización tal y como la conocemos, pero eso para usted parece ser algo (Oig) IRRELEVANTE…
En fin Serafín…
Hola, me llama mucho la atención que menciones a los malvados "jefes" de María y posteriormente recomiendes un enlace del mismo periódico. No sé si sabrás que María es autora de El Diario.
Sobre tu comentario me da la impresión de que has interpretado lo que has querido del post y luego te has enfadado con esa interpretación. Además María hace bien en calificarte de energúmeno, porque te has equivocado con el tono.
Si lees los artículos anteriores de María te harás una idea mejor de a qué se refiere con que no vivimos peor que las generaciones anteriores. Si mides el nivel de vida según los pisos que tenga uno en propiedad claramente estamos mucho peor.
Lo que María defiende (y me perdonará que baje su discurso a mi nivel, hago lo que puedo) es que la economía es tan solo la métrica que han encontrado los economistas para medir si las cosas van bien o mal, pero que existen toda una serie de elementos que la economía no es capaz de cuantificar y que por lo tanto ignora por completo sus beneficios. El nivel de vida mejora a pesar de que la economía empeora.
Un ejercicio de pensamiento que me gusta es imaginar qué pasaría si mañana aparece una pastilla (de 1€) que cura el cáncer. Aunque el beneficio (directo e indirecto) para la sociedad sería inconmensurable, decenas de miles de personas perderían su trabajo automáticamente. Es un ejemplo exagerado pero no muy lejano de mi favorito, el que puso María en uno de sus primeros post: el Ozempic, que pronto perderá su patente y bajará de precio, llevándose por delante toda una industria de la salud y la alimentación. Existen cada vez más ejemplos reales de fenómenos en los que una clara mejoría de la sociedad tiene como consecuencia una gran destrucción económica y cada vez es más difícil encontrar un trabajo cuando lo que producías se vuelve abundante.
En otras palabras, estamos tan bien, que no necesitamos nada y por lo tanto el trabajo cada vez vale menos (ergo somos más pobres).
“En otras palabras, estamos tan bien, que no necesitamos nada y por lo tanto el trabajo cada vez vale menos (ergo somos más pobres)” Sobran las palabras… Good night and Good Luck
“El nivel de vida mejora a pesar de que la economía empeora”… 😂 Quiero el móvil de tu Camello…
Un saludo Andrés, te deseo que ganes mucho dinero.
Y gracias por el Epíteto (energúmeno)… ya se define usted bastante con solo eso…