En esta serie de verano en la que intentamos responder a la pregunta «¿qué es la riqueza?», hoy hablamos de cómo ser realmente productivos en nuestro mundo moderno y complejo.
Exacto. Yo diría que ese análisis de coste se hace en el lado de la oferta. Un proveedor tiene que conocer el coste de su logística. Pero ese coste no determina el precio de mercado de ese servicio. Si acaso, determina el mínimo precio para el que puede existir un mercado, no?
En todo caso, a mí más que la veracidad teorías económicas, lo que me interesa es contar cómo han influido (o no) en el sentido común. Mi objetivo es que ofrecer un modelo del mundo más funcional que el que han ofrecido los economistas hasta hoy, porque creo que ese no funciona.
Principalmente a la Escuela de Salamanca. Murray Rothbard (anarco capitalista libertario) critica a Adam Smith a quien considera precursor de Marx. Señala que la escolástica medieval tenía la concepción acertada sobre el valor subjetivo. Claramente explica que esa es la herencia teórica de su modelo. Muchos seguidores del marginalismo menos honestos que Rothbard creen que Smith es el padre del neoliberalismo.
Soy economista de formación, pero aprendo mucho de economía leyéndote. Lo cuentas de una manera maravillosa, y con mucha chicha de fondo. ¡gracias!
Totalmente de acuerdo contigo en que una de las raíces del malestar de Occidente está en que no sabemos bien qué es la riqueza: «no saber por qué somos valiosos». Es un hilo increíble del que tirar, y me encanta cómo lo haces. Siendo tan crítico esto de que «tiene que haber un acuerdo social sobre el valor», no sé, sinceramente, cómo podemos llegar a ese acuerdo de una manera honesta y sin manipulación. Integrar en la ecuación del valor (y de la riqueza) todo lo que no es económico me parece un desafío colosal.
El trabajo sigue siendo una fuente de valor; no podemos sacarlo de la ecuación. Lo que hay que entender es que no es la única. Creo que necesitamos ser «productivos» y «deseables». Aunque desplacemos el foco hacia lo segundo, porque es lo que hemos descuidado, no podemos renunciar a lo primero ni hartos de vino :-)
No me cuesta nada aceptar que la «riqueza» no es una forma de materia, pero me cuesta verla como «un stock de deseo humano». Esa formulación me resulta confusa. Si con ella quieres decir que la riqueza depende de la valoración humana, OK: el valor no está simplemente «dentro» del objeto. Pero el deseo, por sí solo, no constituye riqueza. Puedo desear muchísimo agua en mitad del desierto, pero ese deseo no me hace rico; de hecho, hace extraordinariamente valiosa el agua que no tengo. La riqueza no reside en las cosas, sino en la relación entre lo que tenemos y lo que otros seres humanos desean, valoran o están dispuestos a intercambiar por ello. Y eso sí lo dices en el artículo: «Las personas son ricas cuando tienen muchas cosas que otras personas quieren».
El artículo se me atora un poquillo (¡sorry!) cuando empiezas a dar tanto protagonismo a la «marca personal», que a mí me sobra. Es un término que no consigo salvar ni con matices. Tú introduces matices correctos, pero para mí la expresión está podrida de origen. Creo que una fuente mucho más importante de riqueza personal está en variables intrínsecas: en el encaje entre cómo quiero verme y lo que consigo ser. Eso lo dices muy bien cuando hablas de «alinear el yo que mostramos con el yo que llevamos dentro». La «marca» mete muchísimo ruido en cualquier receta de riqueza entendida como bienestar. Siempre digo lo mismo: ¡a más marca, menos personal!
Cuando «ser distinto» se convierte en estrategia, para mí empieza a torcerse todo. El único leitmotiv «hacia afuera» que sí me parece una buena brújula (y que tú mencionas) es el de «ser útil». Incluso vertebrar lo que damos, o lo que somos, a partir de «qué quieren los demás» tiene un problema: tal vez lo que quieran no sea lo que necesiten. Y hacer que los demás «deseen lo que tenemos» es, otra vez, abrazar un significado bastante marketiniano del valor que a mí me chirría, por razones que sería muy largo explicar aquí. Detrás de esa idea veo, además, un paradigma de escasez bastante economicista y menos humanista que el resto de tu planteamiento.
No puedo estar más de acuerdo contigo, en cambio, en que necesitamos ser mucho más intencionales con lo que hacemos. Y creo que ese es, al final, el mensaje principal del artículo, cosa que se agradece mucho. Por eso me encanta la primera de tus preguntas: ¿qué nos gusta?, ¿qué nos mueve? Y, por supuesto, también la segunda: ¿cómo podemos ser útiles a los demás?
Ya veremos después si la gente nos concede el valor que creemos merecer. Prefiero pensar eso como un efecto natural de decidir bien, hacer cosas valiosas y sentirnos en armonía con nosotros mismos, no como algo que debamos perseguir directamente.
Me encanta este post, María, y lo que comentas al final me hace pensar en la realidad que veo cada día en mis proyectos en el mundo corporativo. La gente se pasa el día "haciendo cosas" ("empleando" su tiempo), pero no se plantean el por qué de lo que hacen. El resultado es que "pasamos horas haciendo cosas", pero no contribuyendo realmente.
Y es una trampa mortal, porque mientras nos enredamos a hacer cosas que no valen nada, sentimos que nos devaluamos hasta que todos acabamos en ese momento de pensar que no podemos dejar el trabajo porque "de qué íbamos a valer ahí fuera?" Tremendo!
Lo que presentas como un avance de la teoría económica (la concepción subjetiva del valor) en realidad se planteó antes de los clásicos y de Marx. En la Edad Media se postuló ese concepto idealista en lo filosófico. Después los marginalistas lo retomaron y alguno incluso lo formalizaron matemáticamente. Que haya alcanzado la forma en la economía mainstream al ser posterior, no la hace superador del valor-trabajo.
Desde luego: pongo un ejemplo práctico a los estudiantes. ¿Por qué en mercadotecnia estudian las cadenas logísticas y hacen contabilidad de costos en serio? Mientras en economía, aceptamos que el precio se determina por oferta y demanda. La referencia a costos es en términos marshalliano-marginalistas y hasta ahí. También los ingenieros industriales hacen análisis de procesos productivos y costos unitarios a nivel muy riguroso. Desde luego, que en la instancia de la competencia entre capitales se realiza el precio de mercado al que simpre le subyace el tiempo de trabajo invertido. Es la última instancia. Pero no contradice el necesario análisis de mercado y del fenómeno del consumo de mercancías producidas en condiciones capitalistas. Ambas explicaciones lejos de contradecirse son niveles diferentes que están ensamblados.
Buenísimo post, me ha cautivado en particular porque llevo días dándole vueltas al concepto de 'riqueza' y la importancia de su concreción en un mundo al que yo aspiro a que todos seamos partícipes de esta de igual modo (yo tiro por el marxismo) pero a la vez teniendo en cuenta los límites biofísicos y energéticos del planeta, que delimitan las cotas superiores de lo que podría ser esta 'iriqueza universal' (e.g. no todos podemos tener un yate).
Exacto. Yo diría que ese análisis de coste se hace en el lado de la oferta. Un proveedor tiene que conocer el coste de su logística. Pero ese coste no determina el precio de mercado de ese servicio. Si acaso, determina el mínimo precio para el que puede existir un mercado, no?
En todo caso, a mí más que la veracidad teorías económicas, lo que me interesa es contar cómo han influido (o no) en el sentido común. Mi objetivo es que ofrecer un modelo del mundo más funcional que el que han ofrecido los economistas hasta hoy, porque creo que ese no funciona.
A qué autores medievales te referías?
Principalmente a la Escuela de Salamanca. Murray Rothbard (anarco capitalista libertario) critica a Adam Smith a quien considera precursor de Marx. Señala que la escolástica medieval tenía la concepción acertada sobre el valor subjetivo. Claramente explica que esa es la herencia teórica de su modelo. Muchos seguidores del marginalismo menos honestos que Rothbard creen que Smith es el padre del neoliberalismo.
Soy economista de formación, pero aprendo mucho de economía leyéndote. Lo cuentas de una manera maravillosa, y con mucha chicha de fondo. ¡gracias!
Totalmente de acuerdo contigo en que una de las raíces del malestar de Occidente está en que no sabemos bien qué es la riqueza: «no saber por qué somos valiosos». Es un hilo increíble del que tirar, y me encanta cómo lo haces. Siendo tan crítico esto de que «tiene que haber un acuerdo social sobre el valor», no sé, sinceramente, cómo podemos llegar a ese acuerdo de una manera honesta y sin manipulación. Integrar en la ecuación del valor (y de la riqueza) todo lo que no es económico me parece un desafío colosal.
El trabajo sigue siendo una fuente de valor; no podemos sacarlo de la ecuación. Lo que hay que entender es que no es la única. Creo que necesitamos ser «productivos» y «deseables». Aunque desplacemos el foco hacia lo segundo, porque es lo que hemos descuidado, no podemos renunciar a lo primero ni hartos de vino :-)
No me cuesta nada aceptar que la «riqueza» no es una forma de materia, pero me cuesta verla como «un stock de deseo humano». Esa formulación me resulta confusa. Si con ella quieres decir que la riqueza depende de la valoración humana, OK: el valor no está simplemente «dentro» del objeto. Pero el deseo, por sí solo, no constituye riqueza. Puedo desear muchísimo agua en mitad del desierto, pero ese deseo no me hace rico; de hecho, hace extraordinariamente valiosa el agua que no tengo. La riqueza no reside en las cosas, sino en la relación entre lo que tenemos y lo que otros seres humanos desean, valoran o están dispuestos a intercambiar por ello. Y eso sí lo dices en el artículo: «Las personas son ricas cuando tienen muchas cosas que otras personas quieren».
El artículo se me atora un poquillo (¡sorry!) cuando empiezas a dar tanto protagonismo a la «marca personal», que a mí me sobra. Es un término que no consigo salvar ni con matices. Tú introduces matices correctos, pero para mí la expresión está podrida de origen. Creo que una fuente mucho más importante de riqueza personal está en variables intrínsecas: en el encaje entre cómo quiero verme y lo que consigo ser. Eso lo dices muy bien cuando hablas de «alinear el yo que mostramos con el yo que llevamos dentro». La «marca» mete muchísimo ruido en cualquier receta de riqueza entendida como bienestar. Siempre digo lo mismo: ¡a más marca, menos personal!
Cuando «ser distinto» se convierte en estrategia, para mí empieza a torcerse todo. El único leitmotiv «hacia afuera» que sí me parece una buena brújula (y que tú mencionas) es el de «ser útil». Incluso vertebrar lo que damos, o lo que somos, a partir de «qué quieren los demás» tiene un problema: tal vez lo que quieran no sea lo que necesiten. Y hacer que los demás «deseen lo que tenemos» es, otra vez, abrazar un significado bastante marketiniano del valor que a mí me chirría, por razones que sería muy largo explicar aquí. Detrás de esa idea veo, además, un paradigma de escasez bastante economicista y menos humanista que el resto de tu planteamiento.
No puedo estar más de acuerdo contigo, en cambio, en que necesitamos ser mucho más intencionales con lo que hacemos. Y creo que ese es, al final, el mensaje principal del artículo, cosa que se agradece mucho. Por eso me encanta la primera de tus preguntas: ¿qué nos gusta?, ¿qué nos mueve? Y, por supuesto, también la segunda: ¿cómo podemos ser útiles a los demás?
Ya veremos después si la gente nos concede el valor que creemos merecer. Prefiero pensar eso como un efecto natural de decidir bien, hacer cosas valiosas y sentirnos en armonía con nosotros mismos, no como algo que debamos perseguir directamente.
Me encanta este post, María, y lo que comentas al final me hace pensar en la realidad que veo cada día en mis proyectos en el mundo corporativo. La gente se pasa el día "haciendo cosas" ("empleando" su tiempo), pero no se plantean el por qué de lo que hacen. El resultado es que "pasamos horas haciendo cosas", pero no contribuyendo realmente.
Y es una trampa mortal, porque mientras nos enredamos a hacer cosas que no valen nada, sentimos que nos devaluamos hasta que todos acabamos en ese momento de pensar que no podemos dejar el trabajo porque "de qué íbamos a valer ahí fuera?" Tremendo!
Lo que presentas como un avance de la teoría económica (la concepción subjetiva del valor) en realidad se planteó antes de los clásicos y de Marx. En la Edad Media se postuló ese concepto idealista en lo filosófico. Después los marginalistas lo retomaron y alguno incluso lo formalizaron matemáticamente. Que haya alcanzado la forma en la economía mainstream al ser posterior, no la hace superador del valor-trabajo.
Tú crees que la teoría del valor-trabajo explica mejor el valor económico que la marginalista?
Desde luego: pongo un ejemplo práctico a los estudiantes. ¿Por qué en mercadotecnia estudian las cadenas logísticas y hacen contabilidad de costos en serio? Mientras en economía, aceptamos que el precio se determina por oferta y demanda. La referencia a costos es en términos marshalliano-marginalistas y hasta ahí. También los ingenieros industriales hacen análisis de procesos productivos y costos unitarios a nivel muy riguroso. Desde luego, que en la instancia de la competencia entre capitales se realiza el precio de mercado al que simpre le subyace el tiempo de trabajo invertido. Es la última instancia. Pero no contradice el necesario análisis de mercado y del fenómeno del consumo de mercancías producidas en condiciones capitalistas. Ambas explicaciones lejos de contradecirse son niveles diferentes que están ensamblados.
Buenísimo post, me ha cautivado en particular porque llevo días dándole vueltas al concepto de 'riqueza' y la importancia de su concreción en un mundo al que yo aspiro a que todos seamos partícipes de esta de igual modo (yo tiro por el marxismo) pero a la vez teniendo en cuenta los límites biofísicos y energéticos del planeta, que delimitan las cotas superiores de lo que podría ser esta 'iriqueza universal' (e.g. no todos podemos tener un yate).